Economía · Internacional
Argentina con Milei, sin bandos: qué ha mejorado y qué ha empeorado de verdad
La inflación ha pasado de casi el 300% al 33% en dos años. Hay superávit fiscal por primera vez en más de una década. Y, a la vez, la pobreza dejó de caer y las tarifas se han multiplicado. Esto es lo que dicen los números, no los relatos que buscan influir o radicalizar.
En Argentina casi nadie mira los datos: se mira de qué lado estás. Para unos, Milei es el hombre que domó la inflación; para otros, el que hundió a los pobres. Los dos tienen una parte de razón, y por eso conviene apagar el ruido y mirar las cifras oficiales, una por una, con el contexto que casi siempre se omite.
Esta pieza no reparte medallas ni culpas: cuenta lo que ha mejorado, lo que ha empeorado, y lo que no dependía del gobierno. Y se hace una pregunta incómoda que casi nadie plantea en frío: ¿este ajuste tan duro era evitable, o es el peaje que Argentina tenía que pagar para no irse a la quiebra? Porque en economía es fácil mentir con datos verdaderos: contar solo la mitad, confundir lo que coincide en el tiempo con lo que se causa, u olvidar de dónde se partía.
De dónde se partía (el contexto que se olvida)
Milei no llegó a un país en calma. Heredó una inflación desbocada (cerca del 300% anual), unas reservas del banco central negativas (en torno a –10.000 millones de dólares), más del 40% de la población en la pobreza y un Estado que gastaba mucho más de lo que ingresaba, tapando el agujero con emisión de dinero (la gasolina de la inflación). Ese es el punto de partida: un país que llevaba décadas conviviendo con la subida de precios como una enfermedad crónica.
La gran victoria: la inflación y el déficit cero
Empecemos por lo que casi nadie discute. La inflación anual ha caído de casi el 300% a alrededor del 33% (pasando por el 118% a finales de 2024). Y detrás de ese logro hay uno más técnico pero decisivo: Argentina cerró 2024 con superávit fiscal por primera vez en unos catorce años. El Estado dejó de gastar más de lo que ingresa, con un recorte del gasto de alrededor del 27% en términos reales. Es la famosa «motosierra»: menos subsidios a la energía y el transporte, menos obra pública, menos transferencias a las provincias, y un tijeretazo a las jubilaciones. Sin déficit no hace falta emitir, y sin emisión la inflación afloja. Ese es, en una frase, el motor de todo el plan.
El coste: las tarifas y la pobreza que repunta
Pero ese logro se ha pagado, y conviene no maquillarlo. Los servicios públicos, antes muy subvencionados, se han encarecido más de un 500% desde diciembre de 2023 (el transporte cerca de un 900%, el gas un 748%, el agua un 365%, la luz un 339%). La contrapartida de quitar subsidios es que el recibo lo paga la gente. Y la pobreza, que había empezado a bajar (cerró 2025 en el 28,2%, unos 8,5 millones de personas), ha vuelto a subir a alrededor del 30% en el primer trimestre de 2026, con la indigencia en el 6,5%. El dato más duro: el 41% de los menores de 14 años es pobre. A esto se suma que, aunque los salarios empiezan a recuperarse (en 2026 suben en torno al 11%), aún van por detrás de la inflación del mismo periodo. En corto: el ajuste funcionó en las cuentas del Estado, pero lo notaron primero, y más, los de abajo.
Argentina en seis indicadores
Por defecto, la inflación interanual. Toca una etiqueta para cambiar de indicador.
El fin de subsidios y el ajuste fiscal explican gran parte de la caída.
Fuente: INDEC, IPC — variación interanual.
Superávit 2024: primero en unos catorce años (≈0,3% del PIB financiero).
Fuente: Ministerio de Economía / Infobae / Bloomberg.
Indigencia: 6,5% · Pobreza infantil (menores de 14): 41%.
Fuente: INDEC, EPH — medición en disputa política.
Conjunto de servicios: +500% desde diciembre de 2023.
Fuente: entes reguladores / prensa económica.
2026 y 2027 son cifras de previsión.
Fuente: OCDE, FMI, consultoras y banca privada.
Dólar oficial: ≈1.400 → ≈1.700. Debate abierto sobre levantar del todo el cepo.
Fuente: BCRA / prensa económica.
La recuperación que asoma
La foto no es solo de ajuste. Tras la recesión inicial (inevitable cuando cierras el grifo de golpe), la actividad ha vuelto a crecer: el PIB avanzó alrededor de un 4% en 2025 y las previsiones lo sitúan en torno al 3% en 2026 y 2027, empujado por la inversión y las exportaciones, con la energía y la minería (Vaca Muerta) como motor. Las reservas se han recompuesto (se acercan a los 49.000 millones de dólares) y el debate ahora es cuándo se levantará del todo el «cepo» (las restricciones para comprar dólares), algo que el mercado da por probable. Es el argumento de fondo del oficialismo: lo peor ya pasó y lo bueno empieza a llegar.
La pregunta de verdad: ¿era evitable?
Aquí está el núcleo, y merece plantearse en serio en vez de por consignas. Milei defiende que no había alternativa: que los ajustes graduales «siempre terminan en crisis» y que, sin financiación para estirar el proceso, solo quedaba el shock. Su tesis, resumida: un país no puede sostener una inflación del 300% indefinidamente, y parte del problema eran precisamente unos subsidios y un gasto que no se podían pagar; por eso, que algunas cosas encarezcan es el peaje inevitable para no acabar en la hiperinflación y el colapso.
Enfrente, la crítica no niega que hubiera que ajustar, sino cómo se repartió el ajuste: que el peso cayó de forma desproporcionada sobre jubilados y hogares vulnerables, y que se podía haber protegido más a los de abajo mientras se recortaba por arriba. Es el viejo dilema entre el «shock» y el «gradualismo», y no tiene una respuesta técnica limpia: depende de cuánto margen fiscal real había (poco, coinciden casi todos) y de cuánto dolor social es asumible a cambio de estabilidad. Contarlo honestamente es reconocer que ambas cosas pueden ser verdad a la vez: que el ajuste era en gran medida inevitable y que su reparto es discutible.
Lo que no dependía del gobierno (y una advertencia)
Parte de lo bueno y de lo malo viene de fuera: la herencia ya descrita, la sequía que golpeó al campo, los precios internacionales. Y una advertencia de método: la propia medición de la pobreza del INDEC está en disputa política, así que aquí se usa el dato oficial y se dice que hay controversia, sin comprar ni el relato de los «15 millones rescatados» ni el catastrofista.
Lo que viene
En 2027 hay elecciones, y ahí se juega el plan entero. La pregunta no es ideológica sino práctica: si la inflación sigue baja y la actividad crece, pero la pobreza no cede lo suficiente, ¿aguanta la sociedad el ajuste el tiempo que hace falta para que lo bueno llegue a la mesa de todos? Porque a la gente no le paga la factura el PIB, sino su sueldo.
Cierre
Argentina no es un experimento que confirme una ideología: es un país real donde una cosa mejora mientras otra empeora al mismo tiempo, y donde la pregunta interesante no es «¿Milei bueno o malo?», sino «¿había otra forma de salir de aquí, y a quién le toca pagarla?».
Quien te venda solo una mitad, te está vendiendo la mitad.
Ficha de fuentes
- INDEC — IPC (inflación), pobreza/indigencia, PIB. Primaria.
- Resultado fiscal 2024 (superávit, primero en ≈14 años) — Ministerio de Economía / Infobae / Bloomberg.
- Proyecciones de PIB 2025–2027 — OCDE, FMI, consultoras y banca privada (LA NACION, El Cronista).
- Reservas, dólar y cepo — BCRA / prensa económica.
- Shock vs. gradualismo — discursos de Milei (Infobae) y análisis (LA NACION, Prime Economics).